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La Nación: El día después de las elecciones legislativas

Las imágenes de la película “El día después” me quedaron guardadas para siempre en la memoria. El film, que se estrenó en noviembre de 1983 –en plena guerra fría– en la cadena ABC, narra una ficticia disputa entre la NATO y el Pacto de Varsovia, que se intensifica hasta terminar en una guerra nuclear. Mientras el conflicto escala, muchas familias deciden ignorar el riesgo, pensando que “no va a pasar”. Después de las explosiones nucleares todo es destrucción, hay escasez de comida en el estado de Kansas, un gran productor de alimentos y donde se centra la película, y el gobierno tiene que imponer un estado de sitio.

Aunque el día después de las elecciones legislativas de 2021 en la Argentina no sea letal como el de la película, no dejará de ser bastante dramático. El Gobierno, envuelto en un fuerte conflicto interno, sigue tomando medidas para llegar a las elecciones sin sobresaltos, a riesgo de armar una bomba económica que costará desarmar más adelante.

Otra variable que acumulará desequilibrios es el tipo de cambio. De enero a abril el peso se depreció un 11,2% contra el dólar en el mercado oficial, comparado con una inflación acumulada del 17,5% en el mismo período. Es muy probable que esta política se profundice hasta noviembre, como ya muestran los datos de mayo.

Otra parte de este cóctel es el control de precios de alimentos, combustibles y servicios varios. El presidente de YPF, Pablo González, dijo que la nafta “va a aumentar menos que la inflación este año, de la inflación del presupuesto. Va a aumentar un 28,1%, sin importar si la inflación es mayor al 29%…” Está en línea con lo que planteó la vicepresidenta Cristina Kirchner en su discurso de La Plata de diciembre de 2020, cuando dijo que hay necesidad de “alinear salarios, precios, sobre todo los de los alimentos, y tarifas.”

En el sector alimenticio y de consumo masivo la situación es aún más compleja. Desde marzo de 2020, cuando el Gobierno comenzó a imponer precios máximos y “cuidados”, los bienes sujetos a estos controles como productos panificados, aceites y lácteos aumentaron un 28% menos que los productos sin controles, como la carne y las frutas y verduras.

En vez de liberar los precios controlados, el Gobierno decidió hace pocos días controlar los que se movían libremente, restringiendo las exportaciones de carne. La hoja de ruta también la marcó la vicepresidenta en su discurso de La Plata, en el que mencionó a los ROE (Registros de Operaciones de Exportación, que imponían límites a la exportación de ciertos productos), al hablar de la necesidad de alinear salarios, precios y tarifas. De hecho, en función de ese discurso escribí en esta columna el 17 de enero último: “El temor entre los productores agropecuarios es que las urgencias electorales y la necesidad del Gobierno de bajar la inflación artificialmente lo lleven a implantar más restricciones, como, por ejemplo, volver a imponer los ROE sobre las exportaciones de carne.”

La imposición de restricciones en marzo de 2006 llevó a una caída del precio de la carne del 15% en los tres meses siguientes. Esta vez, y solo por ahora, al Gobierno el salió el tiro por la culata y los precios subieron por el paro agropecuario.

Si bien es muy difícil pensar cómo será el día después de las elecciones legislativas, sí sabemos que todos estos desequilibrios se acumularán hasta entonces. También sospechamos que no será posible mantenerlos por mucho tiempo luego de las elecciones. Para mantener al dólar controlado, por ejemplo, el gobierno deberá sacrificar reservas internacionales en los meses previos a los comicios, con lo que el Banco Central no tendrá mucho poder de fuego en los meses posteriores. Mantener las tarifas congeladas o con aumentos de un solo dígito tampoco será posible en 2022, dado que no habrá financiamiento ni reservas para pagar los subsidios y las importaciones de energía.

Los precios de los alimentos controlados deberán ser al menos parcialmente liberados, para evitar un desabastecimiento. En el caso de la carne, tal como ocurrió en el episodio anterior de controles, mientras las restricciones están vigentes la faena de ganado aumenta, los precios bajan y el stock ganadero y las exportaciones caen. Llega un punto en que esta dinámica se vuelve insostenible, y el sector tiene que reconstruir el stock ganadero. Para ello, baja la faena y los precios suben. En 2010 los precios domésticos de la carne, medidos en dólares, casi se duplicaron.

Es decir, sabemos que luego de las elecciones deberán ajustarse muchos precios, lo que siempre resulta muy traumático. Lo que no sabemos es cuál será la configuración política en la que se enmarcará este proceso. Este dato, si bien es desconocido, es clave, sobre todo si tenemos en cuenta que el punto de partida es de un nivel de pobreza que llega en el semestre que termina en abril al 44% de la población.

Para pensar en las condiciones políticas del día después de las elecciones, lo mejor es plantear escenarios sobre el resultado de los comicios. Para simplificar, pensemos en tres posibles: el Gobierno gana la elección, hay un empate, o la oposición gana la elección. Definir qué es un triunfo o una derrota no es tarea sencilla, pero dejemos ese debate de lado por el momento.

Algunos de los encuestadores más prestigiosos del país piensan que el escenario más probable es uno de empate. Un empate en estas circunstancias sería visto en mi opinión como un triunfo para el Gobierno. Al igual que para un equipo de fútbol que, de visitante y con dos jugadores menos, empata en el último minuto, un empate es una victoria. Es decir, a los efectos prácticos hay solo dos escenarios: el Gobierno gana o pierde la elección.

Si el Gobierno gana la elección de medio tiempo, el ala radicalizada de la coalición se verá fortalecida. Si pisar precios y controlar todo les funcionó tan bien, ¿por qué cambiar el rumbo? Peor aún: mismo si quisieran cambiar el rumbo, les sería muy difícil. Lo más probable es que muchos empresarios tiren la toalla después de una elección en la que el Gobierno gana después de haber cometido tantas tropelías juntas. Sin inversión, no hay crecimiento ni generación de empleo.

Es más arduo todavía pensar el andamiaje político que podría sostener reformas económicas si el Gobierno pierde la elección. Un gobierno debilitado difícilmente pueda generar credibilidad para atraer inversiones, y menos aún implementar ajustes que resulten en aumentos de precios. Una alternativa sería reconfigurar las bases sobre las que se asienta la coalición gobernante, dejando de lado a La Cámpora y reclinándose más sobre los gobernadores y otros líderes del peronismo de centro. Para ello, se requiere un estadista al mando. La falta de estadistas y el “vamos por todo” de Berlín del lado Soviético llevan a la guerra nuclear en “El día después”. Algo análogo pasa en el Frente de Todos.

Por Marcos Buscaglia
LINK NOTA: https://www.lanacion.com.ar/economia/el-dia-despues-de-las-elecciones-legislativas-nid23052021/?R=279d9a