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La Nación: La Argentina, ¿puerta de entrada para las autocracias del mundo?

En su visita a Rusia del 3 de febrero de este año, el presidente Alberto Fernández le dijo a su pa ruso Vladimir Putin: “Tenemos que ver la manera de que Argentina se convierta de algún modo en una puerta de entrada para América Latina”.

Además del horrible sentido del timing, dada la cruenta invasión a Ucrania que Putin inició 21 días después y al hecho de que el Gobierno se encontraba negociando el apoyo de los Estados Unidos al acuerdo con el FMI, el anuncio carecía totalmente de sentido estratégico y de impacto económico.

Rusia era, desde el punto de vista económico, una potencia intermedia y declinante antes de la guerra. Su PBI era de US$1,7 billones antes de la pandemia, un nivel parecido al de Brasil. Con 144 millones de habitantes, tenía menos población que cuando cayó el régimen comunista. Su economía ya estaba esclerótica, producto de las sanciones económicas posteriores a su invasión a Crimea, de un régimen cada vez más represivo y de una población en declive. Su comercio con América Latina era muy limitado; representaba cerca de 1% de las exportaciones e importaciones de los mayores países de la región. Se había convertido otro petro-estado más.

Más relevante, por las oportunidades y desafíos que presenta, es la relación con el siguiente país de la gira presidencial, China. Con 1400 millones de habitantes y un PBI de US$14,7 billones, China es la segunda economía del mundo. Su tasa de crecimiento, si bien se desaceleró, estuvo por décadas entre las más altas. Para el embajador argentino en Beijing Sabino Vaca Narvaja, de quien cuesta distinguir si representa los intereses de la Argentina en China o viceversa, el éxito chino se debe al Partido Comunista. “Sin el Partido Comunista no habría una nueva China”, le dijo en mandarín al presidente Xi Jinping al terminar la visita presidencial, repitiendo una vieja canción que cantaba Mao Zedong, autor de la masacre humana más grande de la historia.

La fascinación de la izquierda argentina con la economía china es paradójica. Esta visión la expresó, entusiasmado, Vaca Narvaja: “Hay una posibilidad real de que China sea de acá a 3 o 4 años el principal socio comercial de la Argentina” (hoy es nuestro segundo socio comercial), a lo que agregó que “la Argentina y China poseen estructuras económicas complementarias”.

“El patrón de comercio que tenemos con China es igual al que teníamos con Inglaterra a fines del siglo XIX y principios del siglo XX”

En forma parecida a la relación con Inglaterra en el pasado, de la mano del comercio vienen las inversiones. De 2010 a 2018, la inversión extranjera directa (IED) de China en la Argentina representó un 16% del total de la IED. El financiamiento chino seguramente pegue un salto luego de la incorporación argentina a la Nueva Ruta de la Seda (BRI, según su acrónimo en inglés).

Para entender el contexto, es importante señalar que China experimentó un cambio importante desde el acceso de Xi Jinping al poder en 2012. A nivel doméstico, las reformas aumentaron el poder de Xi Jinping y del Partido Comunista sobre la política, la sociedad y la economía. Se volvió un país más autocrático que antes. La política exterior tuvo un giro importante. Del lema “esconder las propias capacidades y esperar el momento oportuno” de Deng Xiaoping mientras esperaba que China fortaleciera su capacidad económica y militar, pasaron al mantra que indica que “China es una gran potencia”, en la era de Xi Jinping. Una gran potencia dispuesta a hacerse respetar en el orden global.

La Nueva Ruta de la Seda es quizás el proyecto más ambicioso de Xi Jinping en la búsqueda de que China gane influencia. Firmada por más de 140 países, es una iniciativa centrada en la infraestructura para conectar a China con el resto del mundo a través de ferrocarriles, puertos, rutas y energía, con inversiones por cientos de miles de millones de dólares. Una tentación difícil de evitar para países escasos en capital e infraestructura como la Argentina.

Muchos analistas internacionales, sin embargo, son muy críticos con la Nueva Ruta de la Seda. El académico Junhua Zhang, del Instituto Europeo de Estudios Asiáticos, la considera un producto del “neomercantilismo” chino, sin sensibilidad a la cultura y el medioambiente de los países receptores. Otros son más directos. Elizabeth Economy, una experta en China del Hoover Institute de la Universidad de Stanford, afirma que “Xi también ha concebido el BRI como un conducto a través del cual China puede transmitir sus valores políticos y culturales.” No es que China quiera imponer su régimen comunista o conquistar países. Pero busca legitimidad para su régimen e influencia para China y para el Partido Comunista en el mundo. El financiamiento no es a cambio de nada.

Este objetivo de influenciar la política de los países receptores de la inversión no es nuevo. Un análisis de los flujos de la IED en América Latina entre 2010 y 2018 hecho por Evelyn Simoni, una politóloga argentina, concluyó que la inversión china es atraída a la región con democracias liberales percibidas como más débiles, lo que aporta evidencia a la hipótesis de que la IED es parte de la política exterior china.

“No es que China quiera imponer su régimen comunista o conquista países. Pero busca legitimidad para su régimen e influencia para China y para el Partido Comunista en el mundo. El financiamiento no es a cambio de nada”

De todos los temas que se avecinan en la agenda con China, el de mayor significación económica y de política internacional es, por lejos, el de la licitación de la telefonía 5G. El 13 de febrero, Candelaria Ini escribió un artículo en LA NACION titulado “El gobierno le dio una señal a Huawei para la licitación del 5G”. No es para menos. En su visita a China, el presidente y su delegación visitaron las instalaciones de la compañía en Beijing.

Desde el punto de vista económico, la licitación es de suma importancia para el Gobierno. No por el salto de velocidad en las comunicaciones que ocasionará, sino porque, como publicó Maria Julieta Rumi en LA NACION el 14 de febrero, le podría dejar al gobierno US$1800 millones. Un botín muy grande para que sea inocuo. Claudio Ambrosini, titular del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), ente encargado de la licitación, responde a Sergio Massa, visto generalmente como más cercano a los intereses de los Estados Unidos. Si bien los principales competidores de Huawei son europeos, Ericsson y Nokia, los Estados Unidos impulsan la iniciativa “Redes limpias”, que tiene como objetivo proteger las redes de 5G de proveedores no confiables. Traduciendo el concepto, red limpia implica red no instalada por Huawei, para el gobierno norteamericano. Varios países ya prohibieron a Huawei de las licitaciones del 5G.

Detrás del tema Huawei hay algo de mito y algo que permite dudar. Una acusación típica es que la empresa tiene capacidad de espiar las comunicaciones. Pero para ello necesita tener “puertas traseras” (back doors) en la red. Casi todas las redes telefónicas del mundo tienen ya equipos Huawei (para redes 3G o 4G), y países como Inglaterra o Alemania certifican que no existan esas puertas traseras para evitar riesgos. Pero algunas dudas quedan. Escribieron Clive Hamilton y Mareike Ohlberg en el libro La mano escondida: “Las sospechas sobre los vínculos de Huawei con los servicios de inteligencia de China datan de hace mucho tiempo”. Quien controle la red 5G podría eventualmente “apagar” la red si quisiera, dejando al país sin telecomunicaciones. Viniendo Huawei de un país no democrático y con ambiciones sobre Taiwán y luego de los eventos en Ucrania, donde lo impensable se volvió realidad, uno se queda pensando. La moraleja es que hacer negocios con autocracias conlleva peligros que van en aumento.

El presidente Alberto Fernández también le dijo a Putin que “la Argentina tiene que dejar de tener esa dependencia tan grande con el Fondo y con Estados Unidos y tiene que abrirse camino hacia otros lados.” Señor Presidente, además del programa con el FMI, Mauricio Macri le dejó avanzado un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que está en un impasse importante. La Unión Europea es un espacio democrático, con una economía de US$17,1 billones y casi 450 millones de habitantes. Ese acuerdo podría llevar a un fuerte aumento de las exportaciones argentinas. Es por ahí.