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El Líbero: La derecha quiere orden

Después de cuatro años de gobierno en práctica y marcado por la improvisación, la opinión pública ansía tener un gobierno que genere pocas noticias, y que esas noticias sean buenas y confirmen que el país está retomando el camino correcto.

El gobierno del Presidente José Antonio Kast debiera entender que los errores no forzados, los conflictos al interior del gabinete, y la sensación de que falta coordinación en las filas del gobierno le hacen más daño a su gobierno que lo que le harían a un gobierno de izquierda. La percepción de desorden constituye una señal de que, a diferencia de lo que esperan sus bases, este gobierno está fallando en su intento de poner al país en el sendero correcto de la recuperación económica y el desarrollo.

Una de las principales diferencias entre las personas que se identifican con la izquierda y los que se identifican con la derecha es la valoración que ambos grupos dan al orden y a la autoridad. Mientras los de izquierda en general legitiman la protesta social e incluso la violencia destinada a promover el cambio social, las personas de derecha valoran más el orden y legitiman la violencia para el control social —aquella ejercida por agentes del estado contra manifestantes. En síntesis, mientras los de izquierda ven las marchas como señal de que la democracia está funcionando, los de derecha ven la imposición de la ley y el orden como una señal de una democracia que funciona bien y de un gobierno que hace su trabajo.

En Chile, después de cuatro años de gobierno de Gabriel Boric, el líder de una izquierda más radical que la Concertación, el país votó decididamente por Kast, un candidato de una derecha más dura que Chile Vamos. Cansados de las malas experiencias de los procesos constituyentes y aburridos del discurso fundacional irresponsable de la izquierda radical, los chilenos votaron por un Presidente que prometió restaurar el imperio de la ley, la disciplina, la responsabilidad y el sentido común. Después de cuatro años de líderes sin corbata ni peineta que gustaban de romper con las tradiciones, los chilenos eligieron a un Presidente conservador —con corbata y que usa cotidianamente la peineta— que defiende las tradiciones y se siente orgulloso de honrarlas.

Por eso, aunque ahora hay menos desorden que en el gobierno anterior, cualquier señal de que falta coordinación, sobran declaraciones destempladas y se producen errores no forzados representa un costo especialmente alto para un gobierno que llegó al poder prometiendo ley y orden. No resulta convincente ni suficiente alegar que las cosas han mejorado respecto al gobierno anterior. Eso es lo mínimo que esperaba la gente. Pero tal como la gente espera que el Presidente Kast y sus ministros usen corbata todos los días, la gente también espera que el desorden y falta de disciplina que caracterizó al gobierno anterior desaparezca y en cambio el nuevo gobierno cumpla con la expectativa de hacer a Chile fome de nuevo (Make Chile Boring Again). Las bases de apoyo de Kast, e incluso aquellos que no votaron por él, no quieren polémicas, escándalos, peleas o conflictos al interior de la administración. Después de cuatro años de gobierno en práctica y marcado por la improvisación, la opinión pública ansía tener un gobierno que genere pocas noticias, y que esas noticias sean buenas y confirmen que el país está retomando el camino correcto.

Cualquier noticia que alimente la sospecha que este gobierno comete errores parecidos a los que cometía el gobierno anterior es especialmente dañina para La Moneda. Cuando el Presidente Kast debe dar explicaciones y precisar que su compromiso de campaña de expulsar a 300 mil inmigrantes ilegales era una metáfora (en realidad quiso decir hipérbole), la gente vuelve a revivir el trauma del cuatrienio anterior en que el Presidente Boric comúnmente caía en la práctica de el que explica se complica y los errores no forzados del gobierno eran parte de la cotidianeidad. Aunque cometan menos errores que Boric, los errores que comenten Kast y su equipo cercano salen más caros precisamente porque las expectativas de disciplina y orden son mayores con él que con el gobierno anterior.

Si la gente esperaba que Boric declamara poesía y ejerciera el poder como un joven rebelde, los chilenos hoy esperan que el gobierno de Kast haga bien la pega. La gente quiere orden y disciplina y espera que el gobierno cumpla con esas expectativas. En esencia, la gente quiere que su relación con el gobierno sea de certezas, tranquilidad y confianza. Los chilenos no quieren ministros que lleguen mal preparados al Congreso a testificar, no quiere peleas entre ministros o descoordinaciones evidentes entre altos personeros de gobierno. Después de cuatro años de desorden, la derecha chilena -y el país en general- votó por un gobierno que ponga orden y respete las tradiciones. Por eso, de poco sirve recordar cotidianamente al país que el gobierno anterior es responsable del statu quo. Aunque eso sea estrictamente cierto, los chilenos votaron a Kast para que diera un golpe de timón y el país retomara el rumbo. La paciencia de los chilenos no durará para siempre. Cada desacierto, torpeza o demostración de falta de profesionalismo es un golpe más a la línea de flotación de esta administración.

Por Patricio Navia

LINK NOTA: https://ellibero.cl/columnas-de-opinion/la-derecha-quiere-orden/