

En el mes de la patria, el gobierno de Kast perdió una inmejorable oportunidad para demostrar encomiable nacionalismo y saludable patriotismo. La gente quiere un gobierno valiente que sepa alzar la voz cuando es necesario y que sea capaz de hacerse respetar, incluso cuando eso implica poner en su lugar a los aliados y amigos.
Nunca es un mal momento para demostrar amor por la patria. Pero el mes de septiembre siempre se espera que los gobiernos muestren una mayor cuota de patriotismo y, cuando sea necesario, incluso nacionalmente. El gobierno del Presidente Kast ha equivocado el camino al tratar de empujar los límites en su agenda de combate a la delincuencia. En cambio, en la agenda de nacionalismo y patriotismo, Kast ha quedado al debe. Tanto en la respuesta del gobierno a las innecesarias, torpes e inaceptables provocaciones de altos oficiales del gobierno de Argentina como en las inoportunas e impropias declaraciones del embajador de Estados Unidos, Kast ha sido demasiado tibio en su respuesta. Tanto así que incluso muchos políticos de izquierda, que a menudo parecen más interesados en demostrar su rechazo al nacionalismo excesivo, han rasgado vestiduras por considerar que el gobierno no ha defendido con suficiente vehemencia y fuerza los intereses nacionales.
La gente espera que la derecha muestre más nacionalismo y patriotismo que la izquierda. La izquierda, en su defensa de valores universales y su oposición a muchas de las tradiciones que considera símbolos del conservadurismo, está más dispuesta a tolerar trasgresiones que ofenden a los más nacionalistas. Durante el proceso constituyente, varios constituyentes que se identificaban como izquierdistas no tuvieron mayor problema para decir que el himno nacional era un símbolo de división o incluso para proponer cambiar su letra. Tal vez el momento más claro en la forma en que la izquierda y la derecha reaccionan a los símbolos patrios fue la performance del colectivo disidente Las Indetectables en agosto de 2022, cuando una de las artistas se extrajo la bandera chilena del ano, simuló un aborto y la arrojó hacia los presentes. Las críticas se oyeron mucho más de personas de derecha que de personas de izquierda.
La izquierda siempre ha tenido una relación más difícil con los símbolos patrios. Para la izquierda, la tercera estrofa del himno nacional debiese ser eliminada única y exclusivamente porque fue profusamente usada por la dictadura militar. Como si haber sido parte de la dictadura anulara todas las contribuciones de las Fuerzas Armadas al país -incluido, por cierto, la Guerra de Independencia o la Guerra del Pacífico-, la izquierda parece incapaz de abrazar ciertas formas de nacionalismo y patriotismo. Muchas veces, la izquierda prefiera hablar de la patria grande que de la patria chilena. Para la izquierda, el nacionalismo es una pendiente resbaladiza que puede terminar en el nativismo y el fascismo.
La derecha en cambio se siente mucho más cómoda con el discurso nacionalista y ensalzando los símbolos patrios. En eso, la derecha parece estar más cerca del chileno común en su amor y respeto por la bandera y otros símbolos patrios y en su valoración por las Fuerzas Armadas y el rol que han tenido en toda la historia de Chile, no solo durante los complicados años de la dictadura.
Por eso, resulta especialmente difícil de entender que, habiendo tenido una inmejorable oportunidad para anotarse puntos después de varios errores no forzados en las últimas semanas, el gobierno haya dejado pasar la oportunidad de sumar apoyos mostrando sus cartas nacionalistas y patrióticas. Los incidentes provocados por las impropias declaraciones de altos funcionarios del gobierno de Argentina y las pocas diplomáticas declaraciones del embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, que llegó incluso a criticar a altos funcionarios del gobierno de Chile, eran inmejorables oportunidades para que el gobierno respondiera con fuerza y convicción, mostrando su patriotismo y una saludable cuota de nacionalismo. Usando terminología futbolera, la pelota quedó botando y era cuestión de que el gobierno la empujara para anotarse un gol y ganarse la aprobación del electorado.
Considerando que el gobierno no lo ha pensado dos veces y ha saltado al ring cuando ha recibido provocaciones de políticos de izquierda y el propio Presidente Kast ha optado por enfrascarse en discusiones con ciudadanos de a pie -e incluso ha regañado a niños que han tenido actitudes que él considera impropias- resulta difícil de entender que el gobierno no haya tenido palabras más claras y directas para poner en su lugar a las autoridades de otros países que han metido su cuchara en una sopa que nos les corresponde. Tan conspicuo ha sido el silencio del gobierno y la actitud que busca minimizar esos incidentes que políticos de izquierda han podido, creíblemente, criticar al gobierno por falta de patriotismo y por no ser capaz de defender los intereses de la república.
Es comprensible que el gobierno de Kast quiera mantener las buenas relaciones con los gobiernos de Milei en Argentina y Trump en Estados Unidos. Pero la derecha mejor que nadie sabe que las cuentas claras conservan la amistad y que hay que marcar bien la cancha para que los partidos se puedan jugar bien. En el mes de la patria, el gobierno de Kast perdió una inmejorable oportunidad para demostrar encomiable nacionalismo y saludable patriotismo. La gente quiere un gobierno valiente que sepa alzar la voz cuando es necesario y que sea capaz de hacerse respetar, incluso cuando eso implica poner en su lugar a los aliados y amigos.
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